lunes, 27 de abril de 2015

Compro, luego existo

"No pienses, compra, utiliza tu instinto". Cual Qui Gon-Jinn pasado al lado oscuro te repiten este mantra constantemente. No con estas mismas palabras, claro, pero el subtexto está ahí. Pensar es malo, déjate llevar (y compra). Cómo dirían aquí, si el trato parece bueno, es un "no brainer". El cerebro es el enemigo. El cerebro procesa la información, el cerebro te hace llegar a conclusiones (aunque sean equivocadas). Y igual llegas a pensar que no necesitas ese smarphone nuevo. Malo para el negocio. A
sí que recuerda, tú te lo mereces.

El comercio aquí no descansa, cerrar la tienda es perder dinero. Por eso abren desde por la mañana hasta por la tarde sin pausa, abre los fines de semana, abre los festivos cristianos, judíos, musulmanes, o cualquiera que sea tu religión. ¿Imaginas un supermercado abierto el día 1 de enero? No es una fantasía, es una realidad, una del tipo que me toca sufrir a mi personalmente. Tú les cuentas cómo es en España y piensan que estamos locos. También piensan que todo el mundo se para después de comer para echar la siesta, pero eso es otra historia.

Me maravillo, en el mal sentido, cuando veo pasar una diarréa constante de coches hacia al aparcamiento del centro comercial un domingo con un tiempo estupendo. Yo, si no fuera por obligación, no habría fuerza electromagnética o nuclear que me hiciera poner un pie en el supermercado. ¿No te apetecería más salir a disfrutar del sol y la brisa? ¿De una cervecita en una terraza? ¿Del paseo con los niños? Pero claro, si el único lugar que se te ocurre para pasear es el centro comercial es que algo falla. Y mucho. Aunque también tengo que reconocer que si no fuera por esta costumbre no habría existido la peli de aquí abajo :)

¡Con Stan Lee y todo!

El concepto de ciudadano está desfasado, no eres más que un consumidor, y es así como únicamente tienes valor, como una máquina de producir y gastar para hacer girar la rueda eterna. En el paraíso capitalista si no trabajas, no cobras, y si no cobras, no compras, y si no compras, no existes.
 

jueves, 23 de abril de 2015

Las chanclas, ese calzado para todas las ocasiones

A pesar de llevar ya tiempo viviendo en este estado, sigue habiendo cosas que me sorprenden, me llaman la atención, o, directamente, me enervan. Muchas veces estos pensamientos que los quedo para mí mismo, pero es una pena no compartirlos con el mundo y aprovechar el blog que creé con ese mismo propósito.

En esta ocasión, cosas de la moda... o del sinsentido a la hora de elegir calzado. El champion number one son las chanclas, esas mismas que nos ponemos en veranito cuando no quieres que tus pies se cuezan dentro de un zapato cerrado. Pues bien, aquí he podido comprobar que no tenemos que limitarnos a nosotros mismos, si quieres usar unas chanclas, cualquier momento del año es bueno.

Hoy, por ejemplo, hemos tenido un día de lo más fresquito, nublado, con viento helado y seco directo del Polo Norte y con aviso de helada para esta noche. Creo que hemos llegado a los 9ºC. Vamos, básicamente un día de mierda. Eso no ha impedido que las mujeres más osadas se calzaran las últimas sandalias de su colección. ¡Pero por Dios, si me he tenido que calzar la braga hasta la coronilla por debajo de la gorra! Definitivamente, no sienten el frío como el resto de la humanidad.

Otro de los usos de las chanclas, que me deja si cabe aún más anonadado, es para... la lluvia. Han leído bien, la lluvia. He visto que llevan unas chanclas a mano, y en el caso de precipitaciones, se quitan sus zapatos y se las colocan. En serio. No unas botas de agua, no. Unas chanclas, para mojarse bien los pies y pillar una galipandria. Ante mi incomprensión, un día pregunté a mi suegra (sí, ella también lo hace), y su respuesta fue que era para que no se mojaran los zapatos. Entonces, ¿los zapatos no eran para proteger los pies? ¿El objeto en sí es más importante que la persona? Ahora si que no comprendo...

Con esto acaba este post. Espero cotinuar narrando mis obsesiones por aquí, tengo alguna que otra cosa en mente. Próximamente.

jueves, 16 de febrero de 2012

El terror en el lavabo continúa

Si en la primera entrada del blog comentaba el terror padecido al descubir que, aparentemente, todos los excusados se encontraban embozados, y que pese a no ser así, la visión resultante siguió siendo igualmente terrorífica, hoy voy a narrar como, a la hora de lavarse las manos, cuando crees que el terror ha acabado, el terror, desafortunadamente, continúa. Esto es lo que uno ve cuando se acerca a la pila:

En cristiano: "Los empleados deben lavarse las manos"

Como dije, terrorífico. Porque uno recapacita y, lo que uno da por garantizado, uno de los pilares de su educación, se da cuenta de repente que no forma parte de todas las personas. ¿Que los empleados deben lavarse las manos? ¡Pero bueno! No sólo los empleados, también tenía la esperanza que todos los clientes se las lavasen. Pero mi experiencia aquí me ha demostrado que eso no sucede en un alto porcentaje, ves a tus compañeros de aliviadero salir directamente por la puerta tras aliviarse.

Entonces cuando piensas que, quizás el bocata que te acabas de comer con tu cervecita, ha sido preparado por un empleado que no se ha lavado las manos después de usar el baño. Y es que, si es necesario poner un cartel así en la pared, es porque, sencillamente, hay más de un empleado que suele pasar por alto esta sana costumbre. Lo que yo decía, uno sale del lavabo con una más que perceptible sensación de intranquilidad...

jueves, 1 de diciembre de 2011

El wáter atascado

Ya llevo un tiempo viviendo en Long Island, en el estado de New York, y en el transcurso del tiempo uno va viendo cosas que escapan de toda lógica o cuanto menos sorprenden a un auténtico pota blava. Este es el primer post de un nuevo blog y voy a comenzar con un clásico, lo primero que me llamó la atención a las pocas horas de pisar estas tierras, al estar en un bar y tener la urgencia de aliviar la ingesta de cerveza.

La cuestión es que llego al lavabo, ¿y qué me encuentro? Leches, el wáter está atascado porque llega el agua hasta la mitad de la taza. ¡Y todos están igual! Así que me arriesgo, tengo que aflojar mi vegiga antes de que explote. Si se desborda cuando active la cisterna saldré corriendo y me haré el loco. Por suerte todo aquello empezó a dar vueltas en un inmenso remolino que arrastró todo el contenido hacia el caño. ¡Uff! Qué momento de tensión...

El momento terrorífico
Parecidos razonables
¿Lo peor? Cuando tienes que pasar a fase 2 y aquello parece la escena de Piratas del Caribe, cambiando los barcos por... ¡Maldita imaginación!